viernes, septiembre 26, 2008

Cocinando con Marcia






































jueves, septiembre 18, 2008

Recuerdos de Infancia
El Campo





























































' Si buscas la verdad, preparate para lo inesperado, pues es difícil de encontrar y sorprendente cuando la encuentras'
(Heráclito)

sábado, septiembre 13, 2008







Ciento cincuenta de mortadela (I)por Hernán Casciari

Primera parte de un libro de cuentos cortos. En estas diez historias breves hay un payaso depresivo, dos jóvenes amantes previsores, una lagartija prodigiosa, una niña australiana que viaja hacia el filicidio, un portugués con problemas gástricos y morales, un gordito que calca mapas por placer, tres parejas de heterosexuales aburridos, un perro descaderado y roto, un pelirrojo vengativo y una almacenera desilusionada. Cada uno de estos cuentos (y los que vendrán) caben en ciento cincuenta palabras.

2 • Los dos tendrían que morirse tarde o temprano. Primero uno y después el otro, o a la vez (por ejemplo en un accidente de avión). Los dos tenían un pasado que contarse y que comprender sin imágenes, sólo a través de palabras y de sobreentendidos. Ambos deberían construir un futuro ingobernable. Y presentarse a sus mundos. Y quedar con amigos a cenar. Y hablarse por teléfono desde el trabajo, para combinar en qué esquina, a qué hora, y qué película. Uno de los dos se cansaría primero, uno de los dos mentiría primero, uno de los dos caería en la tentación antes que el otro. Alguien sería el primero en levantar la voz. Alguno se enojaría por primera vez y alguien, antes o después, encontraría más defectos que virtudes en su pareja. Fue por esto, y no por incompatibilidad de caracteres, que no se llamaron después del fin de semana.
19 • Cuando una tarotista y un vidente se enamoran, los planetas no saben para dónde orbitar. La luna se tara, el café no produce borra, los pájaros premonitorios se esconden en los nidos, las bolas de cristal tienen estática y las lechuzas prefieren mirar para otro lado. Los amantes buscan en vano señales sobre el futuro, pero los naipes de la tarotista se van al mazo y los artilugios del vidente se descomponen. Ella se pregunta: ¿me engañará algún día? Nadie le responde. Él quiere saber: ¿tendremos hijos? El porvenir no contesta. El amor viaja en una frecuencia distinta a la del presagio, el deseo es un ahora. Un ahora o nunca. Cuando una tarotista y un vidente se enamoran, quedan anclados del presente. Viven juntos. Tienen hijos. Una tarde uno de los dos se cansa del amor y recupera las facultades. Lo primero que ve es al otro, llorando mañana.

miércoles, septiembre 10, 2008

Recuerdos de Infancia
El Zoológico

domingo, septiembre 07, 2008








'Home is where the heart is'
(autor desconocido)









Poema
(Pablo Neruda)

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de si, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuando, ni de donde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mia,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

viernes, agosto 22, 2008









Poema de Interior con poeta - Juana Bignozzi

(tomado del blog 'discreto encanto')

¿ayudan las palabras de los poetas a los propios poetas?
¿ayuda al camino de los poetas
el desamparo de su propia anécdota?
¿ayuda mi presencia en tu destino
a mi propio destino?
¿mi compañía en tanta pasión desgraciada
se convierte en compañía de mi nebulosa pasión?

miércoles, agosto 20, 2008







Tangos
'Naranjo en flor'
Letra de Homero Aldo Expósito (1944)
Música de Virgilio Hugo Expósito (1944)



Era más blanda que el agua,
que el agua blanda.
Era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó.

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y, al fin, andar sin pensamientos.
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon con el viento.
Después, ¿qué importa del después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado.
¡Eterna y vieja juventud,
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz!

¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.

domingo, agosto 17, 2008



'Lo que eres me grita tan fuerte, que no puedo escuchar lo que me dices'


(autor desconocido)

domingo, agosto 03, 2008







Estracto de '13'
(Interrupciones II, Juan Gelman)

recuerdo vagamente lo que iba a decir/
lo que me llevó a abrir este papel en la noche/
bajo la luz de venus/ la luz
de la luna/ los astros parpadeando

como en un tango de gardel/
o en el cielo como una olvidación/
entre la oscuridad y la palabra pasan siglos/
pasa la reina de baal vestida de caballo/

Estracto de 'vamos'
(Interrupciones II, Juan Gelman)
lustrale los botines a tu pasión/dice/
el derecho parece hundido en el infierno/
el izquierdo está lleno del barro del vivir/
lustrate los botines/ lustrate el alma/ dice/








Canción de la verdad sencilla
(Julia de Burgos, poeta portorriqueña)

No es él el que me lleva…
Es mi vida que en su vida palpita.
Es la llamada tibia de mi alma
Que se ha ido a cantar entre sus rimas.
Es la inquietud de viaje de mi espíritu
Que ha encontrado en su rumbo eterna vía.

Él y yo somos uno.
Uno mismo y por siempre entre las cimas;
manantial abrazando lluvia y tierra;
fundidos en un soplo ola y brisa;
blanca mano enlazando piedra y oro;
hora cósmica uniendo noche y día.

Él y yo somos uno.
Uno mismo y por siempre en las heridas,
Uno mismo y por siempre en la conciencia.
Uno mismo y por siempre en la alegría.

Yo saldré de su pecho a ciertas horas,
cuando él duerma el dolor en sus pupilas,
en cada eco bebiéndome lo eterno,
y en cada alba cargando una sonrisa.

Y seré claridad para sus manos
cuando se vuelquen a trepar los días,
en la lucha sagrada del instinto
por salvarse de ráfagas suicidas.

Si extraviado de senda, por los locos
enjaulados del mundo, fuese un día,
una luz disparada por mi espíritu
le anunciará el retorno hasta mi vida.

No es él el que me lleva…
Es su vida que corre por la mía.

sábado, agosto 02, 2008


Blog y libro recomendados


' España, decí alpiste', Hernán Casciari

y http://www.orsai.com/ blog del mismo autor


Cuaderno 2 (año 2001)

miércoles, julio 09, 2008

Cuaderno (año 2001)

























Perdida
(Gaby- 1996)


Perder
los corpiños
el tiempo
el sueño.
Perder los calzones
los zoquetes
los zapatos de tacón.

Olvidar la luna
el rio
los amigos.
Olvidar el orgullo
el sentido común.
Olvidar el llanto
y tener ganas de llorar.

Perder los contornos
lanzarse al abismo
de tus brazos
de tu piel
a tus manos incansables.

Fundidos

a los ojos de la luna
desparramados
en la humedad
interminable.


Fundir
gemidos
en la
clara
luna
de la noche.

En tu ojos
el tiempo se detiene,
las mareas se aquietan,
tu mirada
tus besos
son

como un hechizo
que brilla
de luz.

domingo, julio 06, 2008



La espera
(Baires, agosto 99 Gaby)


No me había sorprendido que le gustara leer, ni que aspirara a escritor. Leía desde que tenía 12 años. Leímos juntos a Ray Bradbury, y devoramos uno a uno todos los títulos de la colección de ciencia-ficción de “Minotauro”. Leíamos a veces a dúo, del mismo ejemplar, en los viajes en subte de la línea “D”, que nos llevaba de Palermo a Catedral.
Me sorprendió, si, que le gustara la poesía. Y me gustó su gusto, tal vez simplemente porque coincidía con el mío.


Tampoco me sorprendió que intentara mentir y no pudiera. Nunca había podido, pero siempre lo intentaba. Era uno de los pocos alumnos que trataba de “versear” en latín. Se podía parlotear a un profesor de historia o de geografía, pero no se podía “inventar” una declinación que no se sabía. El igual insistía, bajo la mirada exasperada de alguna profesora.

Era de esos tipos que dicen lo que piensan, casi sin darse cuenta. Ni cortesía, ni diplomacia, ni cinismo. Eso me gustaba. Es claro con quien se está, cuando se está con gente así; aunque en él no era una vocación de honestidad, sino su naturaleza.
Mantenía esa mezcla de confusión y lucidez, que lo caracterizaba cuando adolescentes, y ahora más que entonces, me provocaba ternura e interés. Tenía una forma lenta y distraída, con la que se transportaba por la vida con total naturalidad y había mantenido férreamente su devastadora torpeza.
En verdad, al encontrarlo después de 20 años, tuve que retrotraer mi memoria a tiempos remotos, y rescatar recuerdos que tenía por completo olvidados.


Con tan sólo un rato de charla, pude componer su momento: soltero después de muchos de años de estar en pareja, un amor en el camino que le había servido de detonador para romper estructuras, un choque, un viaje, algunos meses de vivir con lo puesto y un bolso.
Sólo podía haber en él una sensación de libertad que lo sobrepasaba y ese delicioso y duro momento de redescubrirse, que produce pavor y entusiasmo.

Para su suerte, no parecía tener oficio de mujeriego. Aunque de ello, me fui enterando más tarde. Su falta de oficio, entorpecía nuestros posibles encuentros, y si bien era frustrante, en cierto modo, me alegraba. Cuando la voracidad supera la emoción en los hombres, se pierden de lo mejor y es como si parte de ellos se congelara, se cosificara.

Me asombro vernos juntos en aquella foto de colegio secundario. Colegio Nacional de Buenos Aires. Recordaba esos primeros años de mi adolescencia como buenos, intensos. Había perdido contacto con todos los chicos de ese grupo. De algunos sólo recordaba sus sobrenombres, pero nitidamente sus gestos, sus sonrisas, y la imagen de como eran, enfundados en sus trajes de colegio.
Él, era un flaco desgarbado, irónico, con ojos medio desorbitados, que en aquellos años sólo centraba su mirada en las tetas y las piernas de las chicas, y en los libros, que siempre lo acompañaban. Y en un punto, seguía siendo un personaje parecido al que había sido, sólo que había canalizado esas características de manera tal, que resultaba un hombre interesante: un flaco desgarbado, irónico, apasionado por las tetas y las piernas de las chicas. Sólo que ahora, no las miraba con añoranza, sino que había aprendido el arte de tocarlas
.

Me resultaba impresionante que los que aparecían en la foto fuésemos nosotros, que esa tarde tomábamos Martinis, sin uniformes escolares, y que tantas cosas hubieran pasado en ese largo intervalo.

Me sorprendió que me gustara charlar con él, hacer el amor, dormir con él y hasta tomar el desayuno. Preparaba ricas tostadas. Su compañía resultaba tan amena y nuestras pieles tan compatibles, que intuí que podía pasar semanas junto a él, sin aburrirme ni empalagarme. Pensé que teníamos muchos temas por conversar, una vida por contarnos y kilómetros de piel por recorrer.

Me impresionó su frase sobre el pijama, fugaz como una instantánea. Yo había sentido lo mismo en ese momento, sólo que él le había puesto palabras. La sensación de que así quería pasármela. Y como si él siempre hubiera estado ahí. Y yo también.
Había una enredadera verde, un cielo gris, una llovizna incierta. Era una porteña mañana de domingo. Percibí cierta ansiedad de destiempo en su cara. O tal vez de sorpresa. Tal vez la misma que yo tenía ante su deseo, que aparecía como intacto, preservado durante veinte años esperando ese encuentro.

Imaginé que a esos encuentros, podrían haber seguido muchas charlas, y risas, y pieles y Martinis.
Su abrazo me entibiaba el alma de tal forma, que hubiera querido permanecer en él durante miles de horas. En su lugar, apareció un vacío repleto de silencio, donde sólo flotaban mi pelo en su espalda, y las marcas de su abrazo, en la mía.

sábado, julio 05, 2008

La casa de Frida (méx. D.F., enero 2007)


















Espejismos macizos
(Gaby, junio 12, 1997)


me dolés
me dolés y al mismo tiempo
me das vida.
Me encontrás
en la infancia
la adolescencia
en un banco del colegio
fumando marihuana
me encontrás en un burdel
en un campo de girasoles
a la vera de un río
en las ramblas catalanas.

me dolés
me dolés de ternura
de pasión
me duele tu mirada negra
tu saxo brillante
sobre la oscuridad de un escenario.
Me encontrás
mirando el mar
en una teta
en “La Giralda” y en la “Puerto Rico”
en un chocolate con churros
en un vodka con hielo y limón.

me dolés
en la almohada
en las margaritas
en el aeropuerto de Chicago
en los días que se escapan como sombras
en los tangos inútiles
sin destinario fijo.
Me encontrás
en las rutas sin destino
en las noches cerradas de negrura
en las risas peregrinas
en un llanto nocturno
en los cortinados de terciopelo
y las cortinas de lino.

me dolés
en el pecho
en los caminos cerrados
en ese espacio etéreo
de visiones difusas
futuras, desintegradas.

Me encontrás
en la fe
¿fe en qué?
en el devenir.
Me encontras
cada día que busques mi alma
que está adentro tuyo.
Cada día que rías
lo veré.
Cuando corra brisa por la playa
cuando vuelvas a olvidar
en alguna cama ajena.
Estoy aquí
a la vuelta de la esquina de tu alma
al costado derecho de tu cuerpo
respirándote.