
‘ Los aborígenes sudamericanos creen que cuando uno se desplaza de un lugar a otro por medios rápidos, el alma llega después que el cuerpo. Pasan dias, pocos o muchos, hasta que el viajero se integra con los relieves, colores, sonidos, aromas, temperaturas, presencias vivas e inanimadas, y decenas de otros factores sutiles del lugar y éstos empiezan a impregnarlo con lo esencial de sus ritmos y energías’. (G. Sabanes)