
Urgencia ingobernable
(Gaby - Agosto 2008)
(Gaby - Agosto 2008)
Un deseo
signado
por la urgencia.
Aparecido, como
un terremoto viviente.
Aparecias
urgido de pieles,
con las manos inquietas
y un nerviosismo constante.
Con la urgencia
del deseo adolescente
pero sin su torpeza.
Aparecias de pronto
como con un infierno
que te escaldaba las entrañas.
Triste o contento
siempre
sediento.
Y para mi
que la calma,
la lentitud,
el tiempo robado,
al mundo vertiginoso,
son preciados tesoros,
tu presencia
era más una contrariedad
que una contradicción.
Y despertabas mi urgencia
para acomodarse a la tuya.
Me quedaba sin palabras
desconocida
paralizada
atravesada.
Apremiado, precipitado,
con un deseo impaciente,
con tus modos poco amables
y tu espíritu algo sombrío.
Llegabas a veces
inoportuno
incoherente
arrastrado en la marea
casi sin ningún sentido
con la fruición
de quien busca
gotas de agua en el desierto.
Nada era calmo entonces
ni tus besos,
ni tus manos peregrinas
metiéndose en mi cuerpo,
ni los abrazos,
ni tus palabras
que parecían salir a borbotones
como una explosión
que no medía
daños colaterales.
Y para mi,
que la lentitud
y el tiempo,
ese tiempo sin prisas
ese tiempo sin tiempo,
es el más preciado,
esa prisa
resultaba casi devastadora.
Y luego,
cuando partias,
todo
intentaba
inutilmente
retornar a su sitio
y el tiempo volver a su ritmo.
Te ibas
diluido
y en silencio.
Te ibas
inexacto
inoportuno
intentando gobernar
lo ingobernable.
Incomprensible
Tedioso a veces
escapando una y otra vez
de quien sabe que sombras
que precipicios.
Y en mi cama, sólo quedaban
vestigios de un incendio
que escaldaba
el alma
de manera inexplicable.
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