
El Principito
(Antoine de Saint-Exupéry)
“De este modo, el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, pronto dudó de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia y se sentía muy desgraciado.
‘No debí haberla escuchado-me confió un día-; nunca hay que escuchar a las flores. Hay que mirarlas y aspirar su aroma. La mia perfumaba mi planeta, pero yo no podía gozar con ello. La historia de las garras que tanto me había fastidiado, debe haberme enternecido…’
Y me confió aún:
‘No supe comprender entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡No debí haber huido jamás! Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla.’”
(Antoine de Saint-Exupéry)
“De este modo, el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, pronto dudó de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia y se sentía muy desgraciado.
‘No debí haberla escuchado-me confió un día-; nunca hay que escuchar a las flores. Hay que mirarlas y aspirar su aroma. La mia perfumaba mi planeta, pero yo no podía gozar con ello. La historia de las garras que tanto me había fastidiado, debe haberme enternecido…’
Y me confió aún:
‘No supe comprender entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡No debí haber huido jamás! Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla.’”
No hay comentarios.:
Publicar un comentario