
" Ni Marcel ni Art se han dado cuenta ayer de que Johny no estaba loco cuando se sacó los zapatos en la sala de grabación. Johny necesitaba en ese instante tocar el suelo con su piel, atarse a la tierra de la que su música era una confirmación y no una fuga. Porque también siento esto en Johny, y es que no huye de nada, no se droga para huir como la mayoría de viciosos, no toca el saxo para agazaparse detrás de un foso de música, no se pasa semanas encerrado en clínicas psiquiatricas para sentirse al abrigo de las presiones que es incapaz de soportar. Hasta su estilo, lo más auténtico en él, ese estílo que merece nombres absurdos sin necesitar de ninguno, prueba que el arte de Johny no es una sustitución ni una completación. Johny ha abandonado el lenguaje hot más o menos corriente hasta hace diez años, porque ese lenguaje violentamente erótico era demasiado pasivo para él. En su caso, el deseo se antepone al placer y lo frustra, porque el deseo le exige avanzar, buscar, negando por adelantado los encuentros fáciles del jazz tradicional. Por eso, creo, a Johny no le gustan gran cosa los blues , donde el masoquismo y las nostalgias.."
"Y cuando Johny se pierde como esta noche en la creación continua de su música, sé muy bien que no está escapando de nada. Ir a un encuentro no puede ser nunca escapar, aunque releguemos cada vez el lugar de la cita; y en cuanto lo que pueda dejar atrás, Johny lo ignora o lo desprecia soberanamente."
" Es curioso, ha sido necesario escuchar esto, a Amorous , para que yo me diera cuenta de que Johny no es una víctima, no es un perseguido como lo cree todo el mundo..." " Ahora sé que no es así, que Johny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que lo está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado. Nadie puede saber qué es lo que persigue Johny, pero es así, está ahí, en Amorous, en la marihuana, en sus absurdos discursos sobre tanta cosa, en las recaídas, en el librito de Dylan Thomas, en todo lo que el pobre diablo que es Johny y que lo agranda y lo convierte en un absurdo viviente, en un cazador sin brazos y sin piernas, en una liebre que corre tras un tigre que duerme."
(Fragmentos de 'El perseguidor', de Julio Cortazar)
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